Todas las noches, antes de dormir, le cuento un cuento a mi hijo. No es uno de un libro — es uno que nos inventamos juntos. Tiene personajes con nombre propio, lugares que imaginamos entre los dos, y una trama que va cambiando cada pocas semanas porque él no para de soltar preguntas del tipo “¿y si…?” que nos llevan por caminos nuevos.
Una noche, mientras le preparaba dibujos para colorear (como contaba en el post anterior), me vino una idea: ¿y si describiera a los personajes de nuestro cuento? ¿Y si pudiera ponerles cara, darle forma a los sitios donde viven?
Poner cara a la historia
Describí uno de los personajes y generé el dibujo. Cuando se lo enseñé a mi hijo por la mañana, pasó algo que me dejó con una sonrisa todo el día. Lo miró, sonrió y al momento lo llamó por su nombre — el nombre que le habíamos puesto juntos. No necesitó que le explicara nada. Simplemente lo reconoció como parte de su mundo.
A partir de ahí, seguí tirando del hilo. El bosque donde viven los personajes. La casita junto al río. Cada nuevo dibujo se convirtió en un trocito de la historia que podía sujetar con sus manos y llenar de color. El mundo que construimos con palabras por la noche se transformó en algo que podía ver y tocar durante el día.
Más allá del cuento para dormir
No tardé mucho en empezar a hacer lo mismo con la vida real. Cada vez que pasaba algo importante — una buena sorpresa, un momento complicado, una pequeña lección — describía la escena y generaba un dibujo. Luego lo imprimía, se lo daba y le dejaba colorear mientras hablábamos de lo que había pasado.

Cuando celebró su cumple, hicimos una página de la fiesta. Cuando se cayó de la bici y se hizo daño, también lo dibujamos — un niño llorando junto a su bicicleta mientras mamá le cura la herida. Lo coloreó y me contó toda la historia otra vez, esta vez bastante más tranquilo.

Verdaderamente suyos
Y es que esa es la parte que más me llena. No son láminas genéricas sacadas de una web cualquiera. Son suyas. Vienen de sus historias, de sus experiencias, de su día a día. Ningún otro niño en el mundo tiene la misma colección de dibujos, porque ningún otro niño vive los mismos días que él.
Los dibujos personalizados convierten una actividad cotidiana en algo que le pertenece solo a tu hijo. Y eso es exactamente lo que queríamos con ColrPage — no contenido fabricado en serie, sino dibujos que significan algo para el niño que coge la cera. Más adelante, en otro post, os cuento cómo podéis hacer algo parecido partiendo de una foto real.
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